HABILIDADES SOCIALES 11-2-2008

Ejercicio para estimular la búsqueda activa se sentido, como postura distinta de la pasividad receptiva acrítica. Exponer en publico nuestra forma de pensar.

Cada persona o subgrupo tiene una tira distinta, con lo que se propicia que cada uno explique a los demás lo que ha leido y comprendido.


-Vosotros machos cabrios, !a mi izquierda! Tal dirá el Juez del futuro;

-Y vosotros, !Oh corderillos! permaneced tranquilos a mi derecha,

!Muy bien! Pero que se puede esperar de él una cosa, que diga:

- Y vosotros, oh gentes razonables: colocaos exactamente frente a mí”


Primero me adoré, luego me aborrecí y luego crecimos juntos. (Oscar Wilde)


Crucificad a todo fanático antes de los treinta años porque si pasa esa edad empezará a decepcionarse y se volverá bribón. (Goethe)


Dos de estas lagartijas, de las más bonitas, estaban siempre juntas; una de ellas mas bien es demasiado alta, la otra mas bien demasiado pequeña. Si las ves juntas, la elección es imposible; separadas, cada una parece la más hermosa.


No me sorprende que los hombres amen tanto a los perros; y es que el hombre es mendigo tan digno de lástima como el perro.


En la adversidad de nuestros mejores amigos encontramos siempre algo que no nos desagrada.


Cómo pretendemos que otro guarde nuestro secreto si nosotros mismos no podemos guardarlo?


Nadie hay que apresure tanto a los demás como los perezosos, una vez que han satisfecho su pereza, y ello con objeto de que se les tome por diligentes.


Tendríamos tantos motivos de quejarnos de los que nos enseñan a conocernos a nosotros mismos como tuve aquel loco de Atenas en hacerlo del médico que le había curado de su fantasía de ser rico.


Es prueba de poca amistad no darse cuenta del enfriamiento de la de nuestros amigos.


Jamás se olvidan mejor las cosas que cuando nos hemos cansado de hablar de ellas.


La confianza de agradar es con frecuencia un medio de desagradar infaliblemente.


La mayor parte de las ujeres se rinden más bien por debilidad que por pasión; de aquí que de ordinario los hombres atrevidos tengan más suerte que los otros, aunque sean más amables.


Aquel que cree encontrar en sí mismo suficiente para no necesitar de los demás, se engaña mucho; pero aquel que cree que no se puede vivir sin él se engaña más aún.


La mayor parte de la gente no juzga de los hombres sino por su fama o por su fortuna.


Los vicios entran en la composición de las virtudes, como los venenos entran en la composición de los remedios. La prudencia los reúne y los atempera, y se sirve de ellos útilmente contra los males de la vida.


Hay diversas clases de curiosidad: una interesada que nos lleva a desear aprender aquello que nos puede ser útil; y otra del orgullo, que nace del deseo de saber lo que los demás ignoran.


Las virtudes se pierden en el interés como los ríos se pierden en el mar.