Regalo envenenado

Regalo envenenado

Estaba de visita en la cisterna romana de Estambul con la cabeza inclinada hacia abajo1 para ver derecha a la medusa invertida y observó por el triangulo de las piernas la figura de Ivana. Era una antigua novia que había tenido hacía ya ocho años. Él iba con Marta, su pareja actual y las cosas marchaban de maravilla, pero no obstante algo le perturbaba. Todavía debía haber algo vivo en la relación muerta o tal vez, en los tiempos de la ruptura tuvieron agrios desencuentros y penosos comportamientos que la testigo conocía. Nadie más supo de ciertos sucesos espinosos de los que no estaba precisamente orgulloso.

Prefirió evitar hacer presentaciones engorrosas en las que pudiera escaparse algún comentario que fuese indicio de algún secreto inconfesable o pista que hiciera sospechar.

A Marta le dijo:

-Adelántate y así puedes ir al lavabo que hay en la entrada y yo acabo de sacar unas fotos de la cisterna.

En cuanto Ivana vio que se quedaba solo, cuchicheó unas palabras con su acompañante, que se perdió en otro pasadizo. Se acercaron al centro del depósito, cada uno desde su posición, atraídos por una especie de maldición que creían olvidada.

-Qué casualidad tan grande encontrarte en este lugar

-!Lugar remoto!, por cierto!

-Espera un momento que te daré una cosa…

No tuvo opción a hacer mayores aclaraciones o conversación protocolaria. Como era típico de Ivana cuando tenía una idea repentina, no había más remedio que esperar a que acabara el torrente de acontecimientos por su propio discurrir, sin poner resistencia ni pero alguno.

La tardanza dio pie a sucesivas capas de recuerdos inconexos.

Recordó aquella ocasión en la que esperaba a una amiga y de pronto, Ivana, que conocía del curso sobre contabilidad de la calle Cid, le saludó con una abierta sonrisa:

-Qué haces aquí parado en medio de la calle?

-Espero a una amiga a la que tengo que acompañar para preguntar sobre un asunto de un divorcio -dijo él.

¿Pero, por qué se le ocurrió esgrimir una truculenta motivación en lugar de la real, más modesta, como hacer un trámite en una gestoría, sino para ser admirado, no por la modestia sino por la trascendencia?

-Me voy que tengo que hacer una cosa.. -fue lo único que comentó, en vez del largo interrogatorio que hubiera dado lugar a un carrusel de mentiras improvisadas sobre la marcha.

Cuando la esperanza de volverla a ver ya había desaparecido, de pronto Ivana le sorprendió trayendo un café para que pasara mejor el mal trago. Este tipo de gestos le habían acabado enamorando de ella, como las cartas de treinta páginas que le dedicaba para que la conociera hasta en sus entresijos más íntimos.

-“Espera un momento”

¿Y cuando Ivana le sorprendió un día lluvioso con una bolsa de croissants para compensar el mal día que hacía? Parecía una declaración de amor al tomar la iniciativa de besarla, el beso no parecía un beso de amor, sino restos de humedad del mal día.

-Espera un momento -le dijo los primeros días que convivieron. Era un día de San Valentín y el no sabía que el estado de las cosas requería un detalle significativo. Bajó al supermercado y compró una botella de cava, unos bombones y un ramito de claveles rojos2. Al aparecer con el trofeo, nada más verlo, Ivana echó a sus brazos y con su característica rapidez de diagnóstico le dijo:

-¡Qué prueba de amor! ¡Lo has hecho porque sabes que lo estaba deseando!

Él no quiso desmentir, ni mentir, si se acepta la omisión como no mentira.

-Espera… y sacó del bolso un anillo.

-Es para ti. Lo he conseguido de un judas en la calle Sabuncu Hani con el que he regateado, pero cuando me ha dado el cambio me ha engañado vilmente haciendo pasar un céntimo por un Yeni y encima me ha dado un par de besos de simpatía. Qué necesidad había de esta efusión si ya el engaño estaba perpetrado.

Se puso el anillo por sumisión ante la imperiosidad de Ivana. No tuvo mas remedio que llevarlo puesto. Era como si obedeciendo, la paz volviera a su cauce.

-!Si que has tardado! -le reprochó Marta a la salida -. Por cierto, ¿y ese anillo que llevas? -le preguntó, captando a la primera la novedad que advenía a la mano hacía un rato desnuda.

Por no querer entrar en peligrosas explicaciones, ya que su ex estaba en la misma cisterna, de porqué le dio un regalo, por qué hablaron tanto rato, ¿no habían acabado tan mal?, ¿y porqué habían acabado de mala manera?. Opto por proporcionarle la falsa explicación de que lo llevaba puesto porque le gustaba mucho. Se lo había comprado a un vendedor callejero que había accedido tras mucho regateo a cerrar la venta a la mitad de Yuris.

-¿Mmm? -dijo Marta-

Al regresar, en el control de seguridad del aeropuerto, sonó el reloj, sonó la hebilla del cinturón y sonaron los clavos del zapato, hasta que el guardia de control, impaciente, le hizo gestos perentorios para que dejara el anillo en el recipiente.3

Con los nervios, porque es penoso defraudar a los que vigilan tu paso y están en condiciones de no dejarte pasar, tiró el anillo desde cierta altura y al caer se abrió esparciendo un polvillo blanco que inmediatamente alarmó al guardia que llamó a un batallón de compañeros que se lo llevaron para interrogar.

Marta se había adelantado y ya estaba al otro lado del biombo separador de la zona duty free. Pasaba el rato y nada, no venía. Se asomó a la puerta de control y no estaba. No comprendía por qué había desaparecido sin dar explicación. Se había fugado sin más, tal vez con aquella misteriosa turista de la cisterna que miraba tanto, era la única explicación que se le ocurría. Tuvo que hacer el viaje de regreso sola.

Cuando volvió a su país, después de ocho meses de cárcel llamó por teléfono a Marta que, airada, le dijo que salía con otro y qué pretendía contactándole después de tanto silencio, si no le había amargado ya bastante la vida.

Habían cambiado la llave de su piso y el nuevo inquilino no sabía nada de sus posesiones. Por el resquicio de la puerta entreabierta vio que habían cambiado el beige claro del pasillo por un salmón.

En el trabajo también le miraron como a un extraterrestre:

– ¿Qué pretendes? ¿Que te devolvamos el puesto de trabajo que has despreciado? ¿Te crees que esto es una tómbola, que coges el billete que quieres?

Estaba tan mal que ni se atrevió a dar explicaciones a fin de limpiar al menos su buena imagen, aunque ello no le salvara del naufragio.

No sabía qué pensar. Si el mundo era un caos que la razón no podía disimular o si el regalo de Ivana estaba envenenado…

¡Espera un momento!

Se acordó de la manzana envenenada con cianuro que mató a Turing, no se sabe si por desesperación suicida o asesinato perpetrado con oscuros y mezquinos intereses.


COMENTARIOS

#sagaCrecimiento #expareja #manipulación #evitación #melentendido

Nuestro personaje está de vacaciones con su pareja Marta en Estambul. Cuando está mirando al revés la cabeza de la medusa divisa entre sus piernas a Ivana, una exnovia que también está de visita con su acompañante. La situación es muy embarazosa debido a la forma que en terminaron la relación anterior. Los nervios le traicionan y toma decisiones confusas, como pedirle a su pareja que se adelante y vaya al lavabo o acercarse a Ivana que cuchichea con su acompañante y le pide que se aparte.

Se saludan. Ivana le insiste en que coja un anillo como recuerdo, cosa a la que el ‘obedece’ como si volviera años atrás y adoptara el tipo de conductas de entonces, fenómeno similar a aniñarse un adulto al visitar a los padres, por ejemplo. Su novia ve el anillo inmediatamente, pero él recurre a la mentira por miedo a dar explicaciones.

En el control del aeropuerto el guardia le obliga a dejar en una bandeja los objetos metálicos que pitan en el detector. De nuevo el nerviosismo lleva al personaje a cometer la torpeza de dejar caer el anillo, que se abre dejando a la vista una sustancia blanca (estupefaciente) por la que es inmediatamente detenido.

Su novia Marta le espera en el Duty free, pero su compañero no viene, mira y no está. Supone que ha salido huyendo o se ha ido con la turista de la cisterna. Un quinto sentido le había hecho sospechar que la miraba y además vino con una anillo obtenido de forma extraña. El buen observador ve lo que los demás creen que disimulan bien.

Después de ocho meses de prisión, el protagonista encuentra que Marta está con otro y en el trabajo le han sustituido. A nadie puede explicar lo inconcebible y lo absurdo que ha envenenado su vida, el anillo maldito.

La ansiedad desorganiza la conducta precipitando respuestas que en vez de solucionar los problemas los complican. El estado de nerviosismo produce un bloqueo, una detención (espera un momento) en la que da tiempo a que se tracen en la mente demasiadas visiones que acaban influyendo más de lo que debieran, por ejemplo, que el personaje acepte llevar un anillo sin quererlo realmente.

El anillo representa un tipo de veneno: el de la influencia, el de la manipulación, el riesgo temerario y la droga.

Queda abierta la discusión sobre las motivaciones de Ivana: ¿le ha seguido hasta Estambul para fines poco claros? ¿venganza tal vez? ¿desconocía el contenido del anillo y por lo tanto provoca horror carcelario creyendo proporcionar amistad? ¿pensaba en evitar riesgos de ser pillada llevando estupefacientes y cuando pasase la aduana tendría intenciones de recuperar el anillo? ¿fue su acompañante el que lo lió todo?. Cuando algo no se sabe, la mente explora todas las posibilidades y se queda con la que le parece más verosímil.


NOTAS TÉCNICAS

1 Aprovechamiento de capiteles romanos que hicieron los bizantinos cristianos, que aprovecharon para poner la medusa al revés como desprecio de los elementos paganos de su propia tradición.

2 El narrador pregunta a los presentes qué regalan, si lo hacen o han hecho, por San Valentín.

3 Esta escena se representó con entusiasmo por los participantes. Uno hacía del papel de guardia impaciente, otro de viajero y otro estaba encargado de pitar cuando el viajero pasaba por el detector de metales diciendo ‘pi pi pi’. Al dejar él un ‘anillo imaginario’ tira un poco de harina, para darle más efectos especiales al asunto. El guarda da aviso a ‘compañeros’, esto es, hace una seña a tres o cuatro participantes para que se lleven al ‘drogadicto’. Luego el controlador prosigue su rutina, mientras por la puerta de la habitación aparece la cabeza del personaje ‘Marta mirando aquí y allá a ver si ve a su novio, y como no le ve, cierra la puerta de un portazo.

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