A dos voces
Representado por Fernanda Gardeñes
SEMANA DE LA VOZ
Roberto tenía un padre militar muy estricto, tal vez con una forma excesiva de corregirle:
-!Atontado! !que no te enteras! !serás capullo!.
Le había producido una sensación penosa de no valer lo suficiente, de no ser del todo, de resultar poco de fiar.
Su padre, como se hace con los niños en muchas lugares, le intentaba modular la propensión a elevar los agudos. Antes de que el árbol naciera torcido, lo enderezaba con energía: “¡no grites!, ¡habla mas bajo”. Él, como autoridad oficial, le podía corregir chillando a todo volumen. Era su deber domesticar al salvaje para conseguir una timorata obediencia.
También en el primer colegio al que asistió Roberto, el profesor le trataba de una forma agresiva, siguiendo el vetusto principio de exigir sagrado respeto. Le reñía con más frecuencia de la deseable, le daba con la regla en la yema de los dedos, patadas en el trasero, collejas, le colocaba de rodillas con manos en cruz y libros en las manos y le ponía un capirote delante de la clase.…1
Roberto fue creando un sentimiento de miedo, angustia y tristeza que se reflejaba mediante un temblor en la mano al acercarse el profesor. En casa no contaba lo que ocurría en el colegio, bien porque no quería preocupar a sus padres, bien porque lo asimilaba como algo normal o más bien, cabría decir que lo anormal, repetido, se había convertido en normal. Era lo que había.
Un día vino otro profesor foráneo a hacer audiciones. Procedía de un centro de categoría que buscaba niños para su coro, muy prestigioso en la provincia. Fue aquí cuando la vida de Roberto cambió pues le propusieron trasladarse de colegio por su buena voz, diáfana en los registros altos y suntuosa y profunda en los bajos. Por lo visto el ‘inútil’ era útil para algo.
No es que Roberto creyese que tuviera buena voz, sino que un exhorto de una autoridad era más verdadero que una verdad íntima, por lo que, como quien ha aprendido a caminar por donde le dicen, sin preguntar ni rechistar, era la forma en la que la vida tenía a bien, darle aliento al cadáver en el que consistía.
En el nuevo , Roberto comenzó a comportarse de forma diferente. En el primero el miedo lo apagaba todo, en éste parecía el niño que no había podido ser. Participaba, bromeaba, era muy dicharachero, alegre y juguetón.
A los profesores les parecía una actitud inmadura por lo que le hicieron repetir.
En este nuevo curso, conoció a Nuño, su mejor amigo, con el que iban juntos a todos los sitios. Eran uña y carne. Les gustaba mucho llamar la atención y resaltar para hacerse notar y que les tuvieran en cuenta.
Una de sus aficiones era leer juntos. Un día se interesaron por una estantería de la biblioteca que estaba apartada y cerrada con llave. Se las apañaron para leer estos tomos prohibidos. Esos libros eran muy obtusos para la mentalidad de un niño: “La piel”, de Curzio Malaparte, “Las amistades particulares” de Roger Peyrefitte; “Justine”, del Marqués de Sade;“La máscara de carne” de Van der Meersch; “La marquesa de O” de Heinrich von Kleist, etc. E imitando más que comprendiendo, Roberto y Nuño interpretaban las acciones que leían jugando. Se acariciaban, decían palabras cariñosas o arrebatadoras confesiones de amor. En el juego de pasión hay que poner algo de pasión para que sea creíble como juego.
Un día que estaban “divirtiéndose” apareció un profesor que se ocultó detrás de una columna como espectador furtivo del teatro diabólico. Le pareció tan escandalosa la representación que les echó a los dos del colegio como manzanas podridas que podían echar a perder la cesta de las lozanas.
Para sorpresa de Roberto -que se esperaba el mayor desprecio y sarta de improperios- su padre, cuando le vino a recoger, le quitó importancia al asunto y adujo asombro de cómo habían podido expulsarlo por una memez. Este fue uno de esos momentos, -que luego se demostró como el más importante-, de proximidad y complicidad con su padre. Le prometió que a partir de ese momento iba a estudiar o a trabajar, lo que él mandara, como muestra de profundo agradecimiento.
Roberto iba conociendo nuevas aficiones e interesándose por distintos estudios. Pero todo lo que empezaba no lo acababa. Siempre surgía en medio una cosa más atractiva frente a la elegida que decaía.
En lo referente a las aficiones comenzó a tocar el piano y a componer canciones, incluso con cierta creatividad cuando se le ocurrió escribir una canción a dos voces, una positiva=falsete contralto y otra negativa=tenor profundo2.
Fue avanzando en el tema de practicar piano y llegó el momento en que tuvo que decidir si ir mas allá o no. Roberto fue valiente y se apuntó al Conservatorio. Pero desgraciadamente volvieron a aparecer los temblores en la mano ante la presencia del profesor, que si bien no le discutió su talento, le aconsejó acudir al médico. El médico de cabecera le mandó al neurólogo. Tras muchas pruebas y sin encontrar nada objetivable, le derivó al psiquiatra.
Comenzó a practicar aficiones diferentes: por ejemplo beatbox3
Ya que siempre que las cosas le iban bien, algo interrumpía esa ascensión, comenzó a manifestarse como disruptivo voluntario, que no arrastrado. Practicaba la interrupción, los ruidos y otros actos de perfomance inadecuada en los diferentes estudios de los que fue expulsado y trabajos de los que fue despedido por provocador, rebelde y saboteador.
Un día en que estaba buscando experiencias nuevas, a su manera, que parecía más provocación que honesta investigación, dio a parar con un grupo revolucionario. Se comenzó a interesar por el tema conciencia de clase, leyendo libros, acudiendo a seminarios de información táctica, campamentos de entrenamiento revolucionario, etc. Aprendió a hacer cócteles molotov y bombas caseras. No se le dio mal del todo, por lo que el grupo le aceptó rápidamente como miembro egregio, pero no por lo que podría ser Roberto por sí mismo, sino porque se “entrenó” a conciencia -como si estuviera practicando escalas- para ser uno más de la camarilla.
Este grupo quería que Roberto operara como obrero infiltrado en una fábrica, cosa que Roberto aceptó, fallando una vez más a la promesa que le hizo a su padre de estudiar para trabajar en algo de provecho.
-Qué tal van las clases? -le preguntaba su padre cada vez que le enviaba dinero.
-Todo bien -le mentía Roberto- Ahora estoy de exámenes.
-Espero que saques buenas notas… porque todos nos tenemos que esforzar… -le sugería su padre, en un tono que parecía más propio de mafioso amenazante que de padre que da ánimos.
-Descuida..
-Adiós, delectus filius.
Fue encomendado para trabajar en la fabrica Roca, ya que uno de los compañeros conocía a un encargado que podía protegerle. Y le contrataron, una vez más por causas a externas, a ser él mismo candidato adecuado.
En su labor, Roberto mantenía una actitud muy retadora y sindicalista que no gustaba a los jefes, por lo que acabaron echándole.
Roberto fue pasando por muchas ocupaciones de corta duración a lo largo de su vida. Si no te adaptas al puesto asignado, si no puedes dejar de ser tú mismo para someterte, entonces el trabajo te escupe como un hueso de aceituna.
Por último, la etapa de jubilación de Roberto trascurrió en una residencia, donde todo estaba muy marcado y los terapeutas les llevaban de un lado a otro para realizar actividades cual títeres incapaces de dominar sus propios hilos.
Cuando eres mayor vas perdiendo control y Roberto, falto de docilidad y lleno de resentimiento, adoptó una actitud apática, Había poco menos que empujar de aquí para allí. Hasta que un día en una fiesta, una terapeuta encantadora, conocedora de su antiguas aficiones musicales le propuso que compusiera alguna cosa para complementar una fiesta navideña y pensando que tenía la ocasión de vengarse de tanta tontería e injusticia que hay en el mundo se avino a componer una canción a doble voz que le parecía lo más anti navideño que se ocurrió.4
Pero resulta que en lugar de escandalizar, a todo el mundo le gustó. Le aplaudieron, vitorearon y felicitaron efusivamente. Fue la primera vez que Roberto se sintió aceptado siendo él mismo sin trampa ni complacencia. Más vale tarde que nunca.
COMENTARIOS
#sagaRoberto #disruptivo #oposicionismo #inestabilidad
Vemos a nuestro protagonista Roberto adquirir el ‘temblor de manos’ frente a autoridades déspotas, su padre militar, el profesor agresivo. A primera vista pudiera parecer que la respuesta airada de las figuras prepotentes delatan una debilidad de su carácter, pero luego nos apercibimos que en otros contextos, por ejemplo en el nuevo colegio, es reprendido por lo contrario: por excesivamente alegre y charlatán. Tiene rasgos dinámicos de personalidad, según contexto.
Roberto padece de inadaptación a los trabajos. Los pierde con demasiada facilidad, por su pretensión a llamar la atención, por necesidad excesiva de afecto o por su rebeldía por problemas con la autoridad.
Adolece de cierta inconsistencia sobre sus aficiones, falta de constancia, determinación o mantenimiento de la motivación. De forma que comienza muchas cosas que acaba dejando. No obstante tiene sus momentos de gloria creativa (canciones a dos voces).
Su espíritu rebelde se traduce en un posicionamiento social conflictivo, se junta con gentes radicales, pone en cuestión el sistema establecido, todo lo cual le proporciona una sensación de integridad pero pagando el precio de una inestabilidad concomitante.
La narración se articula dando saltos temporales, pasamos desde la infancia a la tercera edad, para poner de relieve lo que sucede con ciertos rasgos de su manera de ser a lo largo de la vida.
En la vejez la rebeldía se trasforma en un talante poco dócil y gruñón, que dificulta su integración en la residencia en la que vive. No obstante, la dualidad persiste y en cierta ocasión una trabajadora ocupacional le pide una composición navideña para complementar las actividades de esas fechas señaladas. Él hace una canción a dos voces anti-navideña, pero lejos de provocar reacciones airadas, todo el mundo la aplaude. Es una nueva experiencia para él, ser apreciado no sólo a pesar de sus rasgos problemáticos, sino a causa de ellos. Es como si por primera vez su alma se pudiera unir y reposar en paz.
NOTAS TÉCNICAS
1 El narrador interrumpe un momento su historia para preguntar ¿alguno de vosotros recuerda la forma en la que le castigaban en el colegio o en la familia? En nuestra encuesta se llevaron la palma dos guineanas: a una la azotaban y a la otra le echaban pimienta en los ojos.
2 Como ejemplo práctico se puede improvisar, o bien poner un fragmento del ‘Bandoler’ de Lluís Llach (https://www.youtube.com/watch?v=NxIYHlVwF4U)
3 https://www.youtube.com/watch?v=3j4FFJwkWSo
4 Se canta a dos voces algo muy dramático para ser tema navideño. El cantor puede ser el narrador o bien repartirse con otro. Uno canta “Es navidad, cánticos de alegría y júbilo” (agudo) “En la basura una rata come turrón” (grave). Se elige un villancico navideño y se le cambian las estrofas para crear el efecto de dos voces.

