La chica del anillo calavera

La chica del anillo calavera

Representado por Fernanda Gardeñes

Los tíos vinieron a visitar a los padres de Diego para pedirles que acogieran por unos días a su hija con el fin de que se matriculase en unos estudios que pronto emprendería en la ciudad. En medio de las conversaciones sobre los detalles del alojamiento les encargaron la labor de entretenerla.

Su prima estaba agitando las manos como si estuviera en pleno ensayo de un extraño baile con una música insonora. Al hacer un gesto con cierta vehemencia le salió disparado un anillo que le iba holgado, con tan mala fortuna que cayó detrás de una cómoda muy pesada. Ella no se había fijado mucho en Diego, por considerarlo feo y sin interés, pero para salvar su joya calibró su verdadera altura y longitud de brazos y le dijo:

-Estírate encima de la cómoda y con la mano lo coges…

Accedió a la petición dispuesto a realizar la incómoda pirueta de encaramarse y estirar la mano todo lo posible y más allá de lo posible y del dolor en las costillas que le producía la esquina del mueble. Totalmente estirado como la cuerda de un arco, observó que le faltaba un trozo para alcanzar la pieza. En un último esfuerzo por alargar todo su cuerpo, ignorando el dolor, logró hacerlo rodar con un cuchillo fuera de la ranura y recomponiendo sus huesos de nuevo, se agachó y lo recogió para entregárselo. 1

Ella, en vez de agradecida, parecía irritada:

-Menos mal, ya era hora.. –refunfuñó la prima-.

Acababan de parlamentar con sus padres y al entrar en la habitación su tío le dio oficialmente el encargo:

-Me gustaría que cuidases de ella estos días, la acompañases y le enseñases un poco la ciudad para que se familiarizase y le echases una mano con los trámites de matriculación..

En esta escena la susodicha mira sus uñas, la tía mira una labor que hace la madre de Diego, su madre mira indistintamente a todos por si alguien se incomoda o necesita algo, observando de soslayo la labor que sus ágiles dedos hacen automáticamente, el tío mira a Diego que mira a su padre intentando adivinar la fuerza o seriedad del compromiso que está adquiriendo y su padre mira al vacío, lo que significa seriedad y fe inquebrantable en la misión casi militar que le están encomendando.2

Diego comenzó a enseñarle la ciudad. A ella le costaba considerarle una autoridad aunque sí un informador relativamente exacto –como podría ser un portero o un ujier- Ella de hecho iba siempre un paso o dos por delante y él tenía que buscarla cuando se apartaba momentáneamente del camino llamándola con voz más alta de lo habitual y decirle

-Eh!! ¡!es por aquí!!

-Podrías haberme avisado! –enfadada por haber tenido que dar un par de pasos inútiles o desacertados.

Visitaron la oficina de inscripción de matrículas. Ahí se dio cuenta Diego de que ella tenía una altivez que no se acompañaba de autosuficiencia verdadera, porque a la hora de rellenar el cuestionario confundía:

Usuario con destinatario. Remitente con solicitante. Primera vez, con primer examen. Alegaciones con peticiones. Segundo apellido del padre con el segundo de la madre. Curso completo, con nuevo plan3.

Con paciencia y delicadeza para no ofenderla o herirla le iba indicando:

-Aquí hay que poner el remitente o sea la dirección a la que quieres que te envíen las cartas

-Sí, ya sé, no hace falta que me digas! –contestó hostil, a pesar del exquisito cuidado en corregirla.

-Tienes que firmar sino no será válida la matrícula –le indicó Diego

-Ah sí, ¡Qué despiste! Contestó ella al final, en lo que parecía el comentario más humilde y amable de toda la jornada.

Llega la noche y debe enseñarle Diego la vida nocturna de la ciudad. No sale de su asombro Diego al observar la desenvoltura con la que ella se adapta al medio y por mucho que la lleva a antros de perdición con la intención de doblegar su orgullo y hallarla en estado de turbación, no hay manera.

Prueba con el Diabulus, el peor de todos, local lleno de macarras tatuados como motivos siniestros, traficantes y gigolós de la peor ralea.

-No sé si te dejarán entrar le dijo al divisar un segurata fornido en la puerta.

-No te preocupes, -le dijo ella-, me mirarán el culo, así se olvidarán del carnet de identidad, le dijo el pispajo con total desparpajo.

Era la primera vez en tres días que ella le miraba a la cara directamente, en vez de pasearle la mirada como si fuera un rótulo de la calle. Se puso rojo no se sabe por qué, si porque el que es feo desea ser mirado como los demás, pero al mismo tiempo teme encontrar una reacción de rechazo, bien sea porque la emoción es vergonzosa para el que tiene vergüenza de manifestarla o porque también él le había mirado el culo unas cuentas veces por tenerla siempre delante y tal vez pensaba que ella se habría dado cuenta y aprovechaba la ocasión para afearle la conducta. Diego, para salir del paso, le dijo

-Venga!, entremos, yo delante y tu a mi izquierda.

Dentro del antro, ella se puso a bailar en la pista mientras Diego se ocupba de traer y recoger copas en la barra concurrida de matones que con sus vozarrones y cuerpos fornidos hacían muy difícil sino heroico conseguir una bebida.

La vio bailando con un chico muy guapo mientras se acercaba con dos bebidas en la mano y observó como él le daba un beso

No un beso de hermanos. No un beso de circunstancias. No un beso formal. No un piquito. No un beso de tornillo de esos que se centran en la boca. Sino un beso de pasión con todo el cuerpo y toda el alma, si cupiera en el espacio.

Diego se acercó, un poco para ver, un poco para protegerla de que se la llevasen por ahí y luego le acusara su tío de dejadez. Como estaba bastante cerca oyó que le dijo él:

-¡Vámonos al catre!

-Me encantaría, le contestó ella, pero tengo novio, que es éste –le dijo señalando a Diego, dando por hecha la complicidad del mencionado con la mentira-.

-No importa, deja a este feto y vente conmigo que sabrás lo que es un hombre de verdad..

Ella se zafó y por cómo caminaba en la retirada dedujo Diego que estaba más borracha de lo que imaginaba. La llevó a casa.

La extendió en la cama de invitados y pensó qué debía hacer…

-“La desnudo y hago cosas que implican los más bajos instintos y cobardía moral, pero no!!, que barbaridad se me ha ocurrido, me limito a quitarle las botas”

La operación quita-botas era algo complicada porque no salían estirando con fuerza, ya que de esa forma se arrastraba a toda la persona en vez de a la parte deseada, ni tampoco había forma de utilizar la astucia de una maniobra y no había más remedio que ponerse a horcajadas de espaldas a ella y estirar con todas las fuerzas.4

En honor a la verdad hay que decir que en la impunidad de la conciencia dormida Diego miró su figura extendida en la cama, por interés estético aparentemente, pero no duró mucho la observación porque ella con la mano hizo un movimiento que Diego interpretó como:

-¡Deja de mirar, guarro! –aunque también podría haberse interpretado de otra manera como, por ejemplo, “Apártame de allí ese árbol”.

Al día siguiente, venían los tíos a recoger a su hija y Diego se tropezó con su prima en el lavabo mientras ella se lavaba la cara con misteriosos mejunjes y le dijo mirándole a través del espejo, ¿Cómo podía saber ella que le miraba de refilón?5.

-¿No dirás nada a mi padre, verdad?

-No te preocupes, tampoco hay nada que decir, -contestó Diego pensando en no se sabía qué.

En la despedida se besaron y abrazaron unos a otros. El tío le dio la mano, ceremonioso, al padre de Diego que la cogió con una mano extra, como si se tratara de una maniobra papal. La madre de Diego no soltó el ganchillo y en cada puntada hacía una pequeña pausa para decir:

-Venid siempre que queráis. Esta casa en vuestra. Nos ha alegrado tanto la visita. Venid otra vez la semana que viene6

La prima abrazó al tío. Le dio besos de sobrina a la madre de Diego sin lograr hacerle perder el hilo a pesar de la efusión y a Diego, que por prudencia y evitación de lo emocional se había retirado estratégicamente a una esquina de la habitación pretextando poner en orden los restos del aperitivo que se había preparado para la ocasión, nada de nada, ni una mirada.

Cuando todos se hubieron ido y se suponía arrancado el coche, sonó de pronto el timbre y pensando que se han olvidado algún objeto personal Diego abrió con premura y apareció ella que ante su mirada atónita dijo:

-Muchas gracias por tu respeto, tu ayuda, tu bondad y buen rollo! ¡Toma mi anillo en agradecimiento por lo que has hecho por mí!.

Le dió un besito breve en la boca, no debe interpretarse como algo erótico, sino como la expresión demasiado natural de alguien de talante desenvuelto y se fue corriendo para no hacer esperar a sus padres.

Diego pensó, “cuando venga a estudiar la llamaré de vez en cuando para ver como se encuentra y la invitaré a comer”. Es como si a pesar del carácter extrovertido y la juvenil energía desbordada de ella y la tendencia al apocamiento propio hubiera surgido una amistad. Aunque cabía preguntarse si podía surgir la amistad de un malentendido.

Diego guardó encima de un anaquel el anillo de la calavera con ojos verdes, objeto de dudoso gusto, pero que junto a otros amuletos sentimentales, acabamos por consentir que afeen nuestros habitáculos7.


COMENTARIOS

#sagaCrecimiento #altivez #soberbia #chulería #amistad

Diego tiene que hacerse cargo de su prima, que llega a la ciudad para matricularse. El carácter displicente de la prima que va dos pasos adelantada, que se queja de tener que retroceder y de que la ayude con la matrícula, le causa inconvenientes.

Quiere asustarla, para doblegar su carácter soberbio, llevándola por antros de perdición nocturna, en vez de por lugares turísticos. En un bar de bajos fondos, lleno de gentes de mal vivir, baila y se besa con un macarra, al que encima le dice que Diego es su ‘novio’, con toda naturalidad. Tiene dificultades para sacarla del lugar, bastante bebida.

Una vez en casa le quita las botas y la tumba en la cama. Se fija en que tiene una figura bonita, a pesar de su mal carácter. Tiene el encanto de la malcriada.

Cuando vienen sus padres a recogerla todos se despiden con afecto, abrazos y frases de agradecimiento, pero la prima no le dice nada a él, que además le ha prometido no delatarle por la aventura de la pasada noche. Una vez que ya se han ido, suena el timbre y es la prima que le agradece a Diego los buenos días que le ha hecho pasar, mostrando con ello que detrás de los gestos altivos y chulescos que no puede evitar, hay una persona con corazón y le da un ‘besito’.

El cuento dibuja características de personalidad de la prima y Diego humorísticamente, como que se las da de lista pero no sabe rellenar un formulario, se deja llevar de sus impulsos y por poco la lía con un macarra. Con ironía y humor el narrador procura poner en juego exagerando los momentos en los que se manifiesta con el tono de voz -diferente, pausado, buscando la complicidad para para llamar la atención sobre el registro y que se interprete buscando más allá del significado literal-.

La narración se pregunta sobre la amistad entre hombre y mujer, mezclada siempre con miradas y sensaciones eróticas que hay que dejar de lado si no se quiere coger el sendero del amor. La relación de primos, la posibilidad de que surja una amistad entre ellos a pesar de las circunstancias diferentes, el parentesco, la oposición de caracteres y por encima de la atracción por la belleza, aún cuando la belleza esté rodeada de espinas. Todo este lío revuelto muestra la complejidad humana de las relaciones, que tiene que contar con variables de todo tipo, sexo, edad, status, profesión, rituales, gustos, e ir tejiendo o destejiendo como la madre de Diego haciendo ganchillo, al vuelo y automáticamente.


NOTAS TÉCNICAS

1 Esta escena la simulamos mientras la explicamos mediante expresión corporal. Hacemos un inciso para preguntar si Diego fue: (a) Muy voluntarioso (b) Muy ingenuo (c) Se hace poco de valer

2 Representamos en el centro de la sala quién mira a quién releyendo la frase punto por punto, haciendo que cada vez un voluntario adopte la pose que se menciona hasta completar el cuadro.

3 Nos aseguramos que son estos conceptos burocráticos entre todos.

4 Dos voluntarios nos amenizan sobre el arte de sacar unas botas largas de caña.

5 El narrador lo dice aparte, extrañado, levantando las manos incrédulo.

6 Practicamos un poco frases ‘prototipo’ de cortesía en la despedida. Los oyentes aportan ideas.

7 Preguntamos sobre qué objetos especiales tenemos guardados para viajar por el recuerdo sentimental.

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