{"id":6582,"date":"2019-03-14T05:00:58","date_gmt":"2019-03-14T05:00:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cdencuentro.org\/idus\/?p=6582"},"modified":"2020-02-15T20:11:40","modified_gmt":"2020-02-15T20:11:40","slug":"en-la-corte-infernal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cdencuentro.org\/idus\/en-la-corte-infernal\/","title":{"rendered":"En la corte infernal"},"content":{"rendered":"\n<p>En cuanto acab\u00f3 el luto de nueve d\u00edas, retirada en el Alc\u00e1zar de Toledo, la reina viuda Mar\u00eda de Molina se hizo cargo de la tutor\u00eda del heredero, su hijo de nueve a\u00f1os Fernando IV.  <\/p>\n\n\n\n<p>Tuvo\nque ejercitarse a fondo para contrarrestar las aspiraciones de Juan\nde Castilla, que reclamaba el trono; Enrique de Castilla, que\nreclamaba la tutor\u00eda y los infantes de la Cerda, que aspiraban al\ntrono tambi\u00e9n apoyados por Francia y Arag\u00f3n. \n<\/p>\n\n\n\n<p>El\nmomento era fr\u00e1gil y vulnerable para Castilla. No ayudaba mucho el\naspecto poco agraciado y enfermizo de su hijo, atribulado por v\u00f3mitos\nde sangre continuos y un car\u00e1cter amargado por la larga enfermedad. \n<\/p>\n\n\n\n<p>No\nobstante, se volc\u00f3 en la causa de su tutelado, hipotecando la propia\nfortuna y gast\u00f3 ingentes cantidades de dinero para controlar \nFrancia, Portugal y Arag\u00f3n en la que Jaime el Hermoso, no s\u00f3lo\nhab\u00eda colaborado en la matanza de los templarios, sino que adem\u00e1s\naspiraba ahora ladinamente a apropiarse de Castilla. \n<\/p>\n\n\n\n<p>Mediante\ncostosos sobornos y despliegue diplom\u00e1tico supo mantener a todos\ncontrolados.<\/p>\n\n\n\n<p>El\nesfuerzo tit\u00e1nico de Mar\u00eda Molina logr\u00f3 mantener a raya a todos\nlos enemigos hasta llegar la mayor\u00eda de edad de Fernando, que a los\ndiecis\u00e9is a\u00f1os asumi\u00f3 el trono de Castilla y  se mostr\u00f3 muy poco\nagradecido con los esfuerzos de su madre, sospechando actos ocultos.<\/p>\n\n\n\n<p>Fernando\nresult\u00f3 ser muy suspicaz y mal pensado. Le hizo presentar a Mar\u00eda\nde  Molina las joyas familiares para comprobar si las hab\u00eda birlado.\nLe mont\u00f3 una escena desagradable poco menos que tir\u00e1ndole de los\npelos y grit\u00e1ndole delante de todos, acus\u00e1ndola de despilfarradora\nde las arcas de la corona. \n<\/p>\n\n\n\n<p>En\nla corte estaban muy asustados  por el   mal genio que se gastaba el\nnuevo rey y los m\u00e1s no se atrev\u00edan a contrariarle o defender \nopini\u00f3n alguna que le pudiera molestar o considerar ofensiva.<\/p>\n\n\n\n<p>A\nSamuel de Belorado que fuera en Zamora <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Almojarife\">almojarife<\/a>\ndel pr\u00edncipe le mand\u00f3 matar porque le pareci\u00f3 que difund\u00eda\nenjundias sobre su enfermedad que s\u00f3lo \u00e9l estaba en condiciones de\nconocer.<\/p>\n\n\n\n<p>De\nforma sibilina ordenaba matar a los que cre\u00eda que le ofend\u00edan, que\nle hac\u00edan de menos, cuchicheaban o le parec\u00eda que ten\u00edan cara de\ntraidor. \n<\/p>\n\n\n\n<p>Eran\n\u00e9pocas en las que morir era muy f\u00e1cil y nadie sospechaba de los\nmuertos, ni los que hab\u00eda en los palacios ni en los andurriales.\nBastaba que cualquiera le mirara mal para sucumbir a una muerte\nimplacable con espada o veneno.<\/p>\n\n\n\n<p>Do\u00f1a\nUrraca Guti\u00e9rrez de Meneses, que tanto hab\u00eda influido en su\ncar\u00e1cter de ni\u00f1o y a la que supo corresponder cuando fue rey, era\nla \u00fanica que se atrev\u00eda a decirle:<\/p>\n\n\n\n<p>-Tal\nvez os precipitasteis al juzgar mal a aquel que solo miraba al suelo\npor verg\u00fcenza\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>-Vos\nsois buena Do\u00f1a Urraca y vuestra bondad os impide conocer la maldad\nen el alma de las gentes, que para una mirada entrenada se descubre\nen la cara y en el tono de voz.<\/p>\n\n\n\n<p>-Pero\nqu\u00e9 me dec\u00eds del consejero que os cay\u00f3 mal y  s\u00f3lo expuso un\ninconveniente a vuestra opini\u00f3n. No se deduc\u00eda por ello que se\nfuera a rebelar o a traicionar o haceros alg\u00fan mal..<\/p>\n\n\n\n<p>-Ja\nja -se limitaba a a\u00f1adir el rey Fernando- muerta la serpiente se\nacab\u00f3 la mordedura.<\/p>\n\n\n\n<p>De\nlos tesoreros dudaba y hac\u00eda traer continuamente las cuentas,\npensando que todos le escatimaban. A los jefes les cambiaba o les\nmandaba liquidar directamente, pensando que no le serv\u00edan bien o le\ntorc\u00edan la cara cuando se fijaban en el pa\u00f1uelo manchado de sangre.<\/p>\n\n\n\n<p>Ve\u00eda\nenemigos por todas partes, en cualquier esquina, sentados en posturas\nsospechosas, o con  gestos que denotaban una futura traici\u00f3n. \n<\/p>\n\n\n\n<p>Siempre\nencontraba que alguno le miraba mal por doquier. \n<\/p>\n\n\n\n<p>De\nforma sibilina y discreta encargaba el trabajillo de segar la vida al\nmal dispuesto de turno, al infalible espadach\u00edn de confianza que le\nserv\u00eda en estos menesteres.<\/p>\n\n\n\n<p>Ni\nsiquiera estos recelos desaparecieron en sus gestas de reconquista.\nPrimero se centraron en la toma de Gibraltar en el a\u00f1o del se\u00f1or\n1305 y  aumentaron si cabe tras el fracaso de la conquista de\nGranada, en la que perecieron en \u201ccircunstancias sospechosas\u201d\nalgunos lugartenientes que le parecieron vendidos al oro almog\u00e1var.<\/p>\n\n\n\n<p>No\ntiene nada de extra\u00f1o que los hermanos Carvajal, tan nobles, leales\ny esmerados adalides, le pareciera  que le consideraban de menos,\nofendiendo a su regia persona.<\/p>\n\n\n\n<p>Mand\u00f3\na su espadach\u00edn de confianza Juan Alfonso de Benavides a que retara\na los Carvajal y los liquidara en un duelo.<\/p>\n\n\n\n<p>Los\nCarvajal era mejores hombres de armas de lo que imaginaba el rey\nFernando y defendi\u00e9ndose de los ataques de Benavides lo hirieron de\nmuerte para disgusto del rey, que entr\u00f3 en c\u00f3lera por la ca\u00edda de\nsu mano derecha que tantos enemigos le hab\u00eda quitado de encima. Les\nacus\u00f3 directamente de asesinato desalmado y envi\u00f3 una tropa a\ncapturarlos.<\/p>\n\n\n\n<p>De\nnada sirvieron las explicaciones de los Carvajal de haber reaccionado\nde esa guisa por defender sus propias vidas. Los pusieron presos\nmientras compraban correajes nuevos en el mercado equino de Medina\ndel Campo.<\/p>\n\n\n\n<p>Encarcelados\nen el castillo de Martos en Ja\u00e9n, se acerc\u00f3 el rey para ejecutar el\ncastigo que se le antoj\u00f3 merec\u00edan y despu\u00e9s de complacerse en\ntorturarlos arranc\u00e1ndoles una mano, un pie y mandando producirles \nheridas horribles, les encerr\u00f3 en una jaula colgada de la parte alta\ndel muro del castillo, donde se bamboleaban golpe\u00e1ndose contra las\nrejas como pajarillos desplumados.<\/p>\n\n\n\n<p>Los\nCarvajal clamaban piedad y se declaraban inocentes de las\nacusaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>El\nrey, a pesar de su car\u00e1cter agrio y ladino, en esta ocasi\u00f3n se\nsonre\u00eda y disfrutaba del espect\u00e1culo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ellos,\ncon las pocas fuerzas que les quedaban gritaban su inocencia y \ndec\u00edan que hab\u00edan actuado en defensa propia. Que se apiadara de\nellos y  si no los liberaba ser\u00eda juzgado por una corte infernal a\ncausa de la injusticia que se estaba produciendo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ante\nesa amenaza el rey se carcajeaba de una forma tan escandalosa que se\nretorc\u00eda y parec\u00eda que se doblaba de risa sin parar, al punto que\nalgunos nobles temieron por su salud, libr\u00e1ndose muy bien de que la\npreocupaci\u00f3n no apareciera en sus caras ,no fuera a ser tomada por\ndisensi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00a1\u00a1En\nel plazo de un mes se producir\u00e1 la postrimer\u00eda de tu vida y tendr\u00e1s\nv\u00f3mitos de sangre sin parar!!<\/p>\n\n\n\n<p>El\nrey no pod\u00eda dejar de carcajearse y entre retorcijones de risa mand\u00f3\ntirar al vac\u00edo la jaula. Someti\u00f3 a los Carvajal a un final\nterrible, proporcionando una imagen desgarradora y patibularia de los\ncad\u00e1veres.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde\nese d\u00eda el rey tuvo un empeoramiento de su enfermedad y no par\u00f3 de\nescupir sangre cada d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Se\ncre\u00f3 la leyenda entre las gentes humildes de que en el lugar del\nmuro se levantar\u00eda una cruz blanca que s\u00f3lo los puros de coraz\u00f3n\npodr\u00edan ver.<\/p>\n\n\n\n<p>En\ncuanto se enter\u00f3 Fernando de esas habladur\u00edas del populacho mand\u00f3\na los mejores capitanes a Ja\u00e9n para encontrar las tales cruces\nblancas, retirarlas y matar a quien se opusiera. No hubo manera de\nencontrarlas por ning\u00fan lugar.<\/p>\n\n\n\n<p>No\ncontento con estas noticias y desconfiando de la eficacia de sus\npropios jefes, fue a visitar el lugar para cerciorarse con sus\npropios ojos de la ausencia de cruces blancas.<\/p>\n\n\n\n<p>Encontr\u00f3\nunos pastorcillos que no le reconocieron y a los que pregunt\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfHab\u00e9is\nvisto por aqu\u00ed alguna cruz blanca? \u2013 inquiri\u00f3 sin identificarse.<\/p>\n\n\n\n<p>-Si,\nclaro, all\u00ed arriba del muro hay una -le contestaron se\u00f1alando los\ndos con el \u00edndice.<\/p>\n\n\n\n<p>Fernando\nno pod\u00eda verla, aunque ellos se lo aseguraban.<\/p>\n\n\n\n<p>El\n7 de septiembre de 1312, exactamente treinta d\u00edas despu\u00e9s de la\nejecuci\u00f3n de los hermanos Carvajal, el rey Fernando IV, despu\u00e9s de\ncomer y beber copiosamente<a href=\"#sdfootnote1sym\"><sup>1<\/sup><\/a>\nse fue a hacer una siesta y falleci\u00f3 v\u00edctima de un v\u00f3mito de\nsangre.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde\nentonces, al verse cumplida la maldici\u00f3n, lo llamaron con el\nsobrenombre del \u201cEl emplazado\u201d a la corte infernal, para escarnio\nde su figura en la historia y venganza de las almas muertas sin\nreposo ni paz cristiana.<\/p>\n\n\n\n<p>Leonor\ny Alfonso eran todav\u00eda hijos peque\u00f1os y la abuela&nbsp; Mar\u00eda de\nMolina, que siempre hab\u00eda ayudado a Fernando a pesar de s\u00ed mismo,\nvolvi\u00f3 a proteger a Alfonso XI como futuro rey que ser\u00eda y que\nmuriera conquistando C\u00e1diz, por la causa poco noble de la Peste\nNegra.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>COMENTARIOS<\/p>\n\n\n\n<p>#suspicacia\n#delirios  #venganza<\/p>\n\n\n\n<p>Para\nesta narraci\u00f3n de un fragmento hist\u00f3rico ver\u00eddico, la cuentista\nconsidera importante contextualizar primero la \u00e9poca en la que se\ndesarrolla la historia. Pregunta a los participantes sobre algunas\ncaracter\u00edsticas de la misma. C\u00f3mo se viv\u00eda respecto a ahora,\nevocaci\u00f3n que se logra elaborando conocimientos que tienen los\npresentes. Se comentan curiosidades sobre el siglo XIII, inventos,\npersonajes c\u00e9lebres,  c\u00f3mo era Espa\u00f1a entonces y algunos\nacontecimientos relevantes del momento. \n<\/p>\n\n\n\n<p>La\nnarraci\u00f3n se apoya en los personajes principales que son\nrepresentados por alumnas de pr\u00e1cticas coterapeutas en la actividad\nas\u00ed como  participantes del taller, que interpretan algunas escenas\nclaves para transmitir ideas, de protecci\u00f3n de la madre al hijo,\ndesconfianza y recelo del hijo respecto a ella y todos los dem\u00e1s,\nsituaciones inocentes que son malinterpretadas por el rey, nobleza de\nesp\u00edritu y lealtad vs crueldad extrema y desconfianza. Los delirios\nde persecuci\u00f3n de Fernando, por ser Rey, se traducen en conductas\nvengativas extremas.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>NOTAS T\u00c9CNICAS<\/p>\n\n\n\n<p>Se\nproyecta\nla\nimagen de una escena de la \u00e9poca: Mar\u00eda de Molina presenta a su\nhijo FernandoIV\nen las Cortes de Valladolid de 1295. \u00d3leo sobre lienzo de Antonio\nGisbert P\u00e9rez), \n<\/p>\n\n\n\n<p>Los\nactores portan objetos de ambientaci\u00f3n: coronas,\ncofre de monedas.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\">1<\/a>\n\tEl narrador solicita ayuda para \u2018explicar\u2019 el concepto: \u201cde\n\tatiborrarse\u201d. \u201cde amodorrarse\u201d\u2026 sugieren algunos.<\/p>\n\n\n\n<p><br><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En cuanto acab\u00f3 el luto de nueve d\u00edas, retirada en el Alc\u00e1zar de Toledo, la reina viuda Mar\u00eda de Molina se hizo cargo de la tutor\u00eda del heredero, su hijo de nueve a\u00f1os Fernando IV. Tuvo que ejercitarse a fondo para contrarrestar las aspiraciones de Juan de Castilla, que reclamaba el trono; Enrique de Castilla, que reclamaba la tutor\u00eda y los infantes de la Cerda, que aspiraban al trono tambi\u00e9n apoyados por Francia y Arag\u00f3n. El momento era fr\u00e1gil y vulnerable para Castilla. No ayudaba mucho el aspecto poco agraciado y enfermizo de su hijo, atribulado por v\u00f3mitos de sangre continuos y un car\u00e1cter amargado por la larga enfermedad. No obstante, se volc\u00f3 en la causa de su tutelado, hipotecando la propia fortuna y gast\u00f3 ingentes cantidades de dinero para controlar Francia, Portugal y Arag\u00f3n en la que Jaime el Hermoso, no s\u00f3lo hab\u00eda colaborado en la matanza de los templarios, sino que adem\u00e1s aspiraba ahora ladinamente a apropiarse de Castilla. Mediante costosos sobornos y despliegue diplom\u00e1tico supo mantener a todos controlados. El esfuerzo tit\u00e1nico de Mar\u00eda Molina logr\u00f3 mantener a raya a todos los enemigos hasta llegar la mayor\u00eda de edad de Fernando, que a los diecis\u00e9is a\u00f1os asumi\u00f3 el trono de Castilla y se mostr\u00f3 muy poco agradecido con los esfuerzos de su madre, sospechando actos ocultos. Fernando result\u00f3 ser muy suspicaz y mal pensado. Le hizo presentar a Mar\u00eda de Molina las joyas familiares para comprobar si las hab\u00eda birlado. Le mont\u00f3 una escena desagradable poco menos que tir\u00e1ndole de los pelos y grit\u00e1ndole delante de todos, acus\u00e1ndola de despilfarradora de las arcas de la corona. En la corte estaban muy asustados por el mal genio que se gastaba el nuevo rey y los m\u00e1s no se atrev\u00edan a contrariarle o defender opini\u00f3n alguna que le pudiera molestar o considerar ofensiva. A Samuel de Belorado que fuera en Zamora almojarife del pr\u00edncipe le mand\u00f3 matar porque le pareci\u00f3 que difund\u00eda enjundias sobre su enfermedad que s\u00f3lo \u00e9l estaba en condiciones de conocer. De forma sibilina ordenaba matar a los que cre\u00eda que le ofend\u00edan, que le hac\u00edan de menos, cuchicheaban o le parec\u00eda que ten\u00edan cara de traidor. Eran \u00e9pocas en las que morir era muy f\u00e1cil y nadie sospechaba de los muertos, ni los que hab\u00eda en los palacios ni en los andurriales. Bastaba que cualquiera le mirara mal para sucumbir a una muerte implacable con espada o veneno. Do\u00f1a Urraca Guti\u00e9rrez de Meneses, que tanto hab\u00eda influido en su car\u00e1cter de ni\u00f1o y a la que supo corresponder cuando fue rey, era la \u00fanica que se atrev\u00eda a decirle: -Tal vez os precipitasteis al juzgar mal a aquel que solo miraba al suelo por verg\u00fcenza\u2026 -Vos sois buena Do\u00f1a Urraca y vuestra bondad os impide conocer la maldad en el alma de las gentes, que para una mirada entrenada se descubre en la cara y en el tono de voz. -Pero qu\u00e9 me dec\u00eds del consejero que os cay\u00f3 mal y s\u00f3lo expuso un inconveniente a vuestra opini\u00f3n. No se deduc\u00eda por ello que se fuera a rebelar o a traicionar o haceros alg\u00fan mal.. -Ja ja -se limitaba a a\u00f1adir el rey Fernando- muerta la serpiente se acab\u00f3 la mordedura. De los tesoreros dudaba y hac\u00eda traer continuamente las cuentas, pensando que todos le escatimaban. A los jefes les cambiaba o les mandaba liquidar directamente, pensando que no le serv\u00edan bien o le torc\u00edan la cara cuando se fijaban en el pa\u00f1uelo manchado de sangre. Ve\u00eda enemigos por todas partes, en cualquier esquina, sentados en posturas sospechosas, o con gestos que denotaban una futura traici\u00f3n. Siempre encontraba que alguno le miraba mal por doquier. De forma sibilina y discreta encargaba el trabajillo de segar la vida al mal dispuesto de turno, al infalible espadach\u00edn de confianza que le serv\u00eda en estos menesteres. Ni siquiera estos recelos desaparecieron en sus gestas de reconquista. Primero se centraron en la toma de Gibraltar en el a\u00f1o del se\u00f1or 1305 y aumentaron si cabe tras el fracaso de la conquista de Granada, en la que perecieron en \u201ccircunstancias sospechosas\u201d algunos lugartenientes que le parecieron vendidos al oro almog\u00e1var. 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Encarcelados en el castillo de Martos en Ja\u00e9n, se acerc\u00f3 el rey para ejecutar el castigo que se le antoj\u00f3 merec\u00edan y despu\u00e9s de complacerse en torturarlos arranc\u00e1ndoles una mano, un pie y mandando producirles heridas horribles, les encerr\u00f3 en una jaula colgada de la parte alta del muro del castillo, donde se bamboleaban golpe\u00e1ndose contra las rejas como pajarillos desplumados. Los Carvajal clamaban piedad y se declaraban inocentes de las acusaciones. El rey, a pesar de su car\u00e1cter agrio y ladino, en esta ocasi\u00f3n se sonre\u00eda y disfrutaba del espect\u00e1culo. Ellos, con las pocas fuerzas que les quedaban gritaban su inocencia y dec\u00edan que hab\u00edan actuado en defensa propia. Que se apiadara de ellos y si no los liberaba ser\u00eda juzgado por una corte infernal a causa de la injusticia que se estaba produciendo. 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